jueves, 13 de julio de 2023

Boronas

Quiero escribirle. Hola, ¿Tomamos un poco de aire? inhalemos, inhalemos, un poco más, sostengamos, soltemos. ¿De nuevo?.

Me relaja mucho respirar así. Sé que aunque es demasiada corta la sensación, es mejor que nada. ¿Cómo no sentir que la vida se hace larga y tediosa cuando el peso viscoso de la melancolía sólo te permite respirar de a pequeños bocados? No cabe más adentro. Ya está bastante lleno el corazón, el pecho, los intestinos, la cabeza de un reguero de boronas, de un montón de trozos de papel que alguna vez fueron un colorido sueño.

Quiero que respire como yo lo hago en estos momentos, con bocanadas grandes y que al soltar el aire mentalmente diga su nombre. Pero no le escribo. No quiero hacerlo realmente. Sólo tengo esto para ofrecerle bocanadas de aires.

Si mi vida se contara como una película, este momento sería aquel en que la escena no tiene música de fondo. En el que la cámara me enfoca en un plano fijo, se escucha solamente mi respiración corta, rápida y ahogada; y en el que por sorpresa tomo aire por la nariz y la boca a la vez, no parpadeo, fijo la mirada decidida en la pantalla y aunque tecleo lo que siento, contengo el aire y mientras lo suelto, borro todo.

sábado, 30 de mayo de 2020

Deseo de cumpleaños (cuento). Final

III

El equipo que se preparaba para semejante hazaña había sido retratado con sus amplios trajes blancos y sus reflectivos y circulares cascos por varios diarios norteamericanos. La curiosidad y el asombro por un propósito como este se extendió con tanta facilidad por el mundo, que como en otros lugares, las voces a favor y en contra se hicieron comunes. La noticia dividió al convento de las Bernardas entre las que oraban porque lo lograran, y aquellas, que pedían por una reconsideración de último minuto de los astronautas, una repentina y generalizada diarrea en todo el equipo, o, aunque sea, un largo y pesado sueño de los tripulantes que les impidiera llegar a tiempo al lanzamiento. 

No solo tenían en contra un mundo dividido sino un alto número de contradictorias plegarias que mantenían a Dios indeciso.

Las más joven de las hermanas, había recortado la foto de un diario en la que tres personas con sus bombachas vestimentas sonreían y caminaban por un pasillo mientras llevaban en sus manos unas maletas blancas que se conectaban a su ropa. Estaba segura de que bastaría con esta imagen para llegar a donde ellos estaban.

Una vez en su sitio de recogimiento, silencio y soledad, miró su recorte con detenimiento y logró ver detrás de los tres hombres una puerta con un letrero incrustado en el centro. Se arrodilló entonces, cerró los ojos y recordando la imagen de esta puerta, susurró: quiero estar allá, quiero estar allá, quiero estar allá, quiero

Una brisa fría le acarició la frente. Con sutileza fue soltando sus manos entrecruzadas, a la vez que relajaba sus párpados. Cuando todo fue luz, se vio arrodillada frente a un sanitario, escuchó una descarga de agua a su lado y la voz de hombre que desde afuera gritó: Hey Neil, See you on the platform of the ship

Okay, respondió otra voz desde el sanitario contiguo. 

Pequeños escalofríos rompieron la rigidez que la asaltaba. Cuando solicitó la clausura, tan sólo había imaginado que llegaba al lugar, como un sueño consciente en el que una y otra vez se repite y se cambia toda la escena, hasta que es perfecta. Ésta no lo era.

Lo primero que se le ocurrió, entonces, fue provocar tos en su vecino de sanitario. Cof Cof. Miró por debajo de la división y reconoció una parte del traje y mas cerca de ella unos zapatos igualmente grandes y blancos. 

¡Es uno de los astronautas!, pensó de inmediato. 

Con la decisión que un león persigue a su presa, se levantó del suelo, tomó la pesada tapa del sanitario, salió de baño y se paró frente a la puerta de Neil, abrió ligeramente sus piernas, balanceó la tapa del sanitario entre ellas y contó mentalmente: uno, dos, se agachó un poco y con un decidido envión, la aventó por encima de la puerta que tenía en frente. 

Un crujido seco sonó del otro lado. Con lentitud empujó la puerta y ahí estaba Neil, desvanecido y semidesnudo con el traje en sus tobillos. Sin perder tiempo, tomó la falda de su hábito y la haló con fuerza hacía arriba, la palidez y firmeza de su piel expuesta produjo un resplandor tal, que hasta las divisiones de las baldosas brillaron como diamantes; así como estaba, como la mismísima Eva, tomó con rapidez el traje de Neil y se metió en él.

Recogió el casco del suelo, se lo ajustó y salió del baño. Dos compañeros vestidos de la misma manera la esperaban un poco más adelante por aquel corredor solitario. Al verla, levantaron la mano y le hicieron señas para que los acompañara. Decidida caminó en dirección a ellos escuchando solo el ritmo de su respiración agitada. 

Le preguntaron algo que no logró entender. A todo respondió alzando la mano y con el pulgar señalando hacia arriba. Entraron en la nave, uno de sus compañeros le señaló su puesto y de nuevo algo le preguntó: Pulgar arriba, todo bien. Se sentó en su puesto, imitó a sus compañeros y se ajustó todos los cinturones. Espero unos minutos y escuchó ahora dentro de su casco: five, four, three, two, one, ignition. Todo se sacudió sin control. Cerró los ojos y esperó las dos horas, cuarenta y cuatro minutos y dieciséis segundos que se sacudió su mundo sin control ni sentido. 

Apareció luego la calma. Abrió de nuevo sus ojos y vio que ninguno de los tripulantes estaba en su asiento. Sus compañeros se acercaron y le hablaron, y ella de nuevo: pulgar arriba, ¿o abajo?, ¿o al lado?, los ojos le temblaron dentro de sus orbitas y buscando aferrarse de algo firme recorrió un variado número de palancas, botones y manijas. A destiempo, brillaban ahora a su alrededor bombillos de diferentes colores. Uno de sus compañeros como estuvieran dentro de un viscoso río, la tomó con dificultad del hombro y la sacudió muy despacio. Ella lo miró y sin pensarlo demasiado, cerró de nuevo sus ojos y le provocó, en esta oportunidad, el beso más lejano del mundo. Ambos astronautas no pudieron evitarlo. Desde Houston, alarmados con ese raro sonido les preguntaron: What are you doing? Are you okay!! No había forma de responder, seguían mamando del aire. 

Una sacudida, dos sacudidas, sus compañeros se ajustan de nuevo los cinturones. Ella sigue aferrada a su silla. La nave se aproxima cada vez más a una superficie. Hold, uish, on, uish, dice uno de ellos sin dejar de besar el aire dentro su casco. Una pequeña sacudida de nuevo y ahí todo se detiene. El silencio es tal que sin ningún esfuerzo logra escuchar los pensamientos de sus compañeros. No entiende nada, pero los escucha. Con la mayor rapidez posible de desengancha de su silla, se levanta y dando ligeros saltos llega hasta la puerta por donde entraron. Toma la primera palanca que ve, la hala y se abre ante ella la inmensidad de la noche. Salta con suavidad el escalón que la separa del piso, pero siente como si se aventara desde la cúpula de la Basílica de Santa María. 

Cientos de miles de kilómetros más allá, o más acá, el cardenal Wojtyla se dispone a dormir. Ya acomodado en su cama y en el momento que cierra sus ojos escucha dentro su cabeza una voz suave que le dice: congratulazioni per il tuo compleanno, Eminence




sábado, 23 de mayo de 2020

Deseo de cumpleaños (cuento). Segunda parte.

Con el tiempo y por accidente, la más joven de ellas descubrió que también, a voluntad, podía desencadenar movimientos en las demás. Nada de acrobacias complejas, tan sólo, provocar reflejos. 

Aquella primera vez, a poco de iniciar laudes, un estruendoso hipo la sacudió de repente al finalizar la alabanza. Mientras coreaba con todas las hermanas: Alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, Aaalabaré a mi señor, subió desde el centro de su pecho, justo debajo de su esternón y con gran potencia un sonoro, ¡HIP! 

Contuvo de inmediato la respiración, llevó las manos hacia su boca y con los ojos como dos signos de exclamación miró a la Madre Mayor. HIP! Se sacudió, ahora, ella. Con gesto de desaprobación y sin poder contener un nuevo aire que crecía desde su garganta, la Madre Mayor giró su cabeza hacía la ventana. La más callada de todas, que solía disfrutar de la alabanza sintiendo el aire fresco mientras tarareaba las melodías en su mente, abrió los ojos con sorpresa. Posó una mano sobre su abdomen y la otra encima de su boca a la vez que se inclinó sobre sus talones y, con un pequeño brinco, levantó y bajo las puntas de los pies. Dirigió, entonces, su mirada hacia el árbol que solía dar sombra al salón de reuniones en las mañanas. Un petirrojo inmóvil que se encontraba en una de las ramas que miraba hacia el convento, hinchó su pecho con violencia y emprendió un vuelo errante. Todas fueron testigos del repentino movimiento del ave, y como en la época dorada del Coro Alto de las Siervas, finalizaron la alabanza con dos sincronizados: ¡HIP! ¡HIP!

Luego de esta revelación, se hizo frecuente el tic cómplice del ojo derecho de la hermana Magdalena, mientras leía las escrituras por las mañanas, y que provocaba risas en el convento; las piernas sin control bajo la mesa a la hora de la cena, que terminaban, la mayoría de la veces, chocando contra las pantorrillas de la Madre Mayor; el cierre repentino y simultáneo de las manos de 20 hermanas luego de agradecer por los alimentos que, por unos segundos, les impedía tomar los cubiertos; y el que más le divertía, las boca de todas moviendo sus labios al unísono como si bebieran de pechos invisibles en medio de la oración central de la misa de la tarde. Lo llamaba para sí misma, el beso más grande del mundo. 

La más callada, aunque no lo dijera, ni sonriera, se divertía por igual.

Con el paso de los días, solicitó a la Madre Mayor una clausura monástica para orar con fervor por los comportamientos extraños que sucedían en el convento. Un demonio juguetón y burlón nos acecha, Madre. Necesitaba estar sola para pensar con claridad: ¿cómo lograr que el hombre pisara la luna como lo deseaba su Eminencia? 



Continuará...

viernes, 15 de mayo de 2020

Deseo de cumpleaños (Cuento). Primera parte.

¡Que los cumpla feliz, que los vuelva a cumplir, que los siiiiga cumpliendo, hasta el año diez mil!... 10, 20 30, 40, 49.

Los Obispos sonríen, se miran y aplauden a destiempo. Las monjas, un poco más atrás, con el gesto duro y frío que asumieron desde su confinación voluntaria en el Convento de las Bernardas, aplauden a un ritmo constante y unísono. 

La más joven de ellas, se desliza hacia el centro de la celebración y se acerca al cardenal Wojtyla. El estruendo de los aplausos no le permite escuchar con claridad los pensamientos de su Eminencia por lo que se acerca un poco más. En ese momento Wojtyla se inclina, inhala con lentitud, cierra los ojos, contiene unos segundos el aliento y a la par que suelta una bocanada de aire, pronuncia mentalmente su deseo: Que el hombre llegue a la luna

Sorprendida con lo que acaba de escuchar regresa con las hermanas Bernardas. No comprende el deseo de su Eminencia, pero se compromete a ayudar a lograrlo. ¡Es el deseo de un niño!, piensa.

Dos años atrás, una tímida tos se fue haciendo espacio en su cama al despertar, cof. Luego, antes de dormir, cof, cof. Después, con mayor intensidad, se tomó gran parte de su pecho y se apropió de un lado de su garganta, cof, cof, cof. Una vez extendida por todo su tórax, el insomnio se acercó cada noche a su cama, llevó almohadas y sábanas a su cabecera para que ella las estrangulara y buscara acallar con pasión lo que rugía por dentro, cof, cof, cof, cof. 

Por aquellas noches, el otrora silencioso convento, soportaba ahora una dura batalla: de un lado, un grupo de hermanas susurraban con fuerza en sus oscuros aposentos: Renuncia Satanás que conmigo no contarás, porque el día de la santa cruz, dije mil veces..., mientras la más joven de ellas, respondía, cof, cof, cof, cof, cof, cof, cof… 

Lo intentaron todo, el Credo Apostolorum combinado con paños tibios ungidos en agua bendita y nasturtium officinale; dosis doble en las madrugadas de Regna terrae cantata Deo psallite Cernunnos (aquella oración que se prohibía memorizar), con bergamota de chile macerada y sapatinhos de nossa senhora en agua de rosas que le daban de beber; baños con aceite de jazmín e infusión de jengibre y arándanos al caer las tardes.

Al cabo de un mes, sus párpados caídos, su piel blanquecina, rucia, y su caminar encorvado y compungido la hicieron la más superiora de las Madres. Los efectos del insomnio no le permitían distinguir las voces cercanas de las lejanas, las familiares de las desconocidas, ni la propia de las ajenas. Todo eran susurros, hasta sus pensamientos. 

Una mañana, las más callada de las hermanas, al ver que los murmullos y el parpadeo constante no cesaba entre cada contracción del pecho de la más joven, decidió, que una vez iniciara el Deus in adiutorium meum intende, con una lampara en mano recorrería el saguán secundario, tomaría las escaleras estrechas que se descuelgan por la parte izquierda hacia la boveda principal; una vez allí, levantaría la pesada puerta de madera, ayudada con una cuerda, primero, bajaría despacio la lampara para evitar que un fuerte viento la dejara a ciegas, luego, saltaría sobre el lugar que pareciera menos lodoso; guiada por el sonido del desagüe, llegaría hasta el borde del canal, y desde allí, seguiría la corriente sin detenerse hasta que se encontrara cubierta por árboles tan altos que le impidieran saber la ubicación de la luna. Sabría, entonces, que entre frondosos arbustos y cerca de los rastros de paja, debería rebuscar hacia el suelo y agudizar su mirada para hallar aquellas hojas grandes de textura corrugada como piel de anciano. No sería sencillo extraer completas y de un solo tirón aquellas raices con forma de bebé; según el recetario de la Escuela de Salerno Antidotarium Nicolai, la manera correcta de mantener palpitante las extremidades de la mandrágora, era, cubir la mano con una tela limpia, envolver todas la hojas con un giro en el sentido del reloj, apretar con firmeza el conjunto de tallos, y halar, a la vez que con la fuerza de una angustia desmedida, se dijera: Meus es tu.  

La noche siguiente, luego de embeber aquella regordeta y dormilona raíz en infusión de hinojo, la más callada de las hermanas, combinó el agua de rosas con el liquido viscoso resultante y dio, a la más joven de ellas, sorbo a sorbo el pocillo completo que había le servido.

El efecto fue instantáneo. Además de desplazar objetos con la mirada, atravesar muros, y flotar en la dirección que deseara sin hacer ningún ruido, desapareció su insomnio y rejuveneció a tal punto, que, cualquiera que se parara junto a ella, envejecía 10 años e inexplicablemente, empezaba a toser. Esto último se volvió su principal alivio.

Continuará...


sábado, 11 de agosto de 2018

Elen (sin A) - (Cuento)


I

Au pair! Au pair! Tonta malcriada. ¡No lo admito Marta!, Salir, y no sólo, aprisionar casi a los niños, sino, ¿botar la única copia para abrir la chapa!?

Sí. Ya voy acá por la autopista. ¿Pablo? Noooooo, hasta ahora salía, imagino. Anda sin carga.

La tonta ya habló con la administración. Yo igual. La administradora pidió la autorización.

¡Tumbarla claro!

Uy, mucho carro por acá. Sigo por la autopista. Marta, ¿cómo uso Waza?, Aj, ¿colgar y abrirlo?, nooooo, si con dificultad hablo y conduzco, Marta!

¡Ay!  cogí como algo. Si, un chandoso, ajjj, lastima. Ya pitan atrás.

- La suya gran hiju…- ¿Ah? una culicagada gritando por la chanda.

Voy a salir por atrás, voy por Carulla. Si por ahí ¿giro? Listo. Por acá solo, sí. Voy a cambiar la chapa por la digital como la tuya. Todas las chapas, sí.

¿Pablo? Por tacaño. Uy, Casi cojo un gato ahora, Marta. Jajajajaja uno por cada animal.

Un momento busco mi copia. Malparido bolso. No, nada. Voy a buscar ahí.

Uy, ando todavía con la foto. Sí. Ya toca sacarla y no llorar más por la niña, sí. La acabo de botar por el vidrio. Ay, ay, ay noooo… ¡Marta!, ¡cogí a un tipo!

II

Bienvenidos todos, dijo el clérigo sonriendo. En el nombre del…

Como un reflejo, Néstor P inclinó su cuello, se persignó, y terminó todo el gesto con un: Sí. Se prometió desde pequeño no repetir los rezos de siempre como un eco (compromiso cumplido).

De pie, en medio de los feligreses, como un tic, se persignó de nuevo en el momento en que el clérigo dijo: Nos reunimos hoy con el fin de pedir por el eterno reposo de nuestro prójimo, Néstor P Gómez.

Sonrió. Se prometió pedir por sí mismo, pedir por su eterno reposo previo de su muerte (compromiso cumplido).

En medio del rito, creyó oír: Bebed esto en conmemo...
Se le ocurrió, entonces, beber con el clérigo. Despedirse. Expuso su licor en medio de todos, miró los diferentes ídolos en torno suyo y pronunció: Cheers. Lo único que supo decir en inglés, luego de muchos cursos. 

Su próximo y último compromiso en el piso 20 de su bufete: 60 Seconel Sodium, 10 metocroplem, foto de su retoño (Elen) sobre el escritorio y medio litro de Whisky.

Llego el momento. Podéis ir en.… y que… bendición del… hijo y espíritu… (interrupción en el sonido del templo). Decidido, entonces, tomó el corredor en medio de cientos de hombres y mujeres.  Cruzó sin detenerse, sin ver los coches que, en ese momento, corren veloces de regreso.

Cruzó y no logró ver su retoño de nuevo sobre el escritorio en el piso 20 de su bufete, ni beberse su último compromiso. Un sonido seco, un dolor veloz, un grito contenido.

Compromiso cumplido.
III

-        Teniente, ¿quién es el QSL?
      -    Mi Capitán, sin papeles de identidad. El QSL tenía un carnet. Dice: Nestxr Pablx Gxmez.

domingo, 6 de agosto de 2017

بيتزا في خطوتين. ( Receta de pizza)

Hoy he querido imaginar que estoy parado frente a una ventana amplia, un día húmedo y soleado, y que a lo lejos, entre los verdes claros, oscuros y brillantes de los árboles, veo venir por un camino sin pavimentar un campero rojo con blanco.

Con ésta imagen en mente, pienso, ¿quién podrá venir ahí?, ¿a ésta hora?, y ¿a esa velocidad?

El rojo con blanco cada vez se define más y logro ver las abolladuras y la pintura quebrada al lado de las farolas. Escucho el crujir de las piedras cuando el campero frena y siento como si cientos de personas rasgaran miles de hojas de papel a destiempo. Pizza Cardinetti: Bien amasada, bien reposada y sorprendente, leo en su puerta.

Aunque el campero continúa detenido frente a mi ventana y no logro ver con claridad quien conduce, sé que me mira fijamente. Chaqueta negra, capucha sobre el rostro y mangas sobre sus dedos como si fuera un ninja.

La brisa me refresca mientras camino hacia su ventana. Me mira fijamente, sus pupilas dilatadas pareciera que buscaran aprender de memoria cada uno de mis gestos.

Levanto mi mano para saludar cuando quien conduce, sin decir nada, estira su brazo y abre su mano. Un pequeño rollo de papel se asoma sobre sus dedos, y con la mano extendida, me insiste que lo tome; no entiendo, pero sin pensarlo lo cojo mientras un suave viento me trae el aroma que se concentra adentro: Un olor sutil y dulce que ocupa toda mi nariz y me llena de una abullonada familiaridad.
Escucho acelerar el campero, abro los ojos y sin despedirse retoma su marcha. Una nube de tierra fina me impide ver como se aleja.

Desconcertado voy desenrollando y estirando aquel papel. Encuentro una frase que no entiendo: بيتزا في خطوتين. Continúo abriéndolo y entonces, de repente, se extiende este menaje:

Si has tenido la fortuna de ser quien heredará el secreto de la Pizza Cardinetti, esto es lo primero que debes tener en cuenta: Un paso a la vez, con esto de la pizza no hay que ir de afanes. 
Nada más! Doy vuelta al papel, miro los bordes con detalle, lo miro a contraluz, nada!

¿Sin afanes?, no son buen ejemplo de paciencia, pienso; y al parecer ese ninja, tampoco lo es de buena conducción. Además, ¿qué carajos es esto de venir hasta acá a darme un papel?

Sin saber qué mas pensar, regreso a mi ventana. Una vez me paro de nuevo frente a ella a disfrutar la vista, suena el celular. Número privado.

Respondo con cautela: ¿Aló? Una voz me responde al otro lado. Ya que entraste de nuevo, a reunir los ingredientes. Miro a los lados sorprendido, alejo el celular y también lo miro. ¿Cómo sabe que entré de nuevo? ¿quién habla?

La voz no me da tiempo de preguntar nada, cuando acerco de nuevo el celular continua con sus instrucciones:

Esto es lo primero que debes alistar: 

a) 250 gr de harina de trigo; 
b) Un poco más de medio de Mug de agua tibia; 
c) Una cucharadita y media de levadura seca; 
d) Una cucharadita de sal y 
e) Aceite de oliva. 

Ahora manos a la masa... Primer paso.

En un bol, pasa la harina por un colador para que quede como dicen algunos profes: sueltica. Luego, revuélvela con la levadura y la sal (preferiblemente con una cuchara de madera). 

Cuando todo esté revuelto, agrégale el agua tibia de a pocos y comienza a amasar. Sigue agregando y sigue amasando hasta que sientas que la masa se va haciendo manejable. Una vez tienes una masa para jugar, sácala del bol a una superficie con un poco de harina y continua amasando sin detenerte durante 10 minutos mínimo, o hasta que esté compacta, homogénea y suave. 

Unta aceite de oliva en un bol, forma una bola con la masa y déjala reposar tapada con un plástico por lo menos una hora (también unta el plástico con un poco de aceite). La masa va a duplicar su tamaño. Te voy a enviar unas fotos.

En este punto su voz me había envuelto por completo. No sólo era cálida y animada sino que me había convencido que estaba próximo a saber un gran secreto. Tomaba nota de las indicaciones y tan sólo decía: Ujum, ajá, Mmmm...


Mientras la masa está reposando, prepara el tomate. Toma 6 tomates, pélalos (la forma más fácil es escaldarlos, es decir, hacerles una pequeña cruz en la punta y ponerlos a hervir en agua para que se afloje la piel), y córtalos en trozos. 

Cuando haya subido la masa, es que ya está lista pa el Segundo paso.  

Enharina un poco de nuevo la superficie y aplana la masa con un rodillo. Estírala de manera que quede más o menos de medio centímetro de grosor. Juega con ella. 

Ponle, luego, un poco de aceite al molde para el horno, coloca la masa allí y distribúyele el tomate. Aplícale un chorro de aceite de oliva, y al horno. 18 minutos debe estar ahí a 220º C. Te voy a enviar una foto.



Ooooopsss... jajajajaja, qué pena, me equivoqué. Ahora sí.



No olvides el chorro de aceite de oliva antes de meterla al horno. Mientras pasan los 18 minutos, alista la otra parte. Te sugiero que hagas la pizza Cardi-napolitana. 

Para ésta alista:

a) Unos 150 gr de mozzarella, 
b) Una pizca de orégano, 
c) Jamón serrano, 
d) Salchichas trozadas, 
e) Aceitunas cortadas y 
f) Unas hojas de albahaca fresca. 

Pasados los 18 minutos, distribuye todo esto en la pizza como pintando un cuadro; después, llévala al horno unos 7 u 8 minutos hasta que el borde esté crujiente. 

Te envío una foto del cuadro y otra... 



...del resultado luego de los 7 minutos... jajajajaja...


Espero que hayas podido tomar nota de todo. Recuerda nuestro lema: Bien amasada, bien reposada y sorprendente; y los dos pasos!; con eso basta para que te quede deliciosa. 

Aunque me lo advirtieron, no quiero colgar sin decirte el último secreto, mi nombre. 

Me llamo... Tu tu tu tu.... (0% de batería).

domingo, 23 de julio de 2017

Pollo con peperoni arancioni (Receta)

Era una tarde gris, cuando empezó a caer, eeeeel aguacero aquel, que trajo hasta mi.
Era una tarde griiiiiiiiiiiis, y la lluvia cayó, y como se mojó, lo que sentía por ti... 

Sí que me gusta esta canción. Sonó justo cuando terminamos de almorzar el Pollo con peperoni arancioni (Pollo con pimentones anaranjados). 



Para ese momento los párpados ya se me cerraban. No era que me pesaran, era más bien como si me bajara agua tibia por el rostro y en los tímpanos se me fuera acumulando un delicioso sueño. Que rara es esa canción, pensé mientras la melodía ya era un lejano y alegre lamento: Una letra triste con un ritmo sabroso. 

Luego de estar activo en la cocina, ahora todo parecía más denso y lejano. Eramos casi un grupo de zombies luego de disfrutar esta comida. Eso sí, unos zombies sonrientes.

Esta receta me tomó en total 1 hora y 1/2. Alrededor de 18 canciones de la playlist Salsibiris que les comparto: https://open.spotify.com/user/daroc_/playlist/4KP3Crn67JA68R6JswGxEG 

Luego de mercar y conseguir los ingredientes, me dispuse a prepararla. Tenía a la mano:

a) 2 pimentones grandes (más anaranjados que rojos)
b) 2 cucharas de aceite de oliva
c) 1 diente ajo grueso y un poco aplastado 
d) 3 muslos de pollo
e) 150 ml de vino blanco Suavignon Blanc
f) 4 tomates chontos
e) Sal y pimienta

Configuré la playlist en modo "Sorpréndeme", y di play. 

(Suenan unas trompetas con ritmo de balada)... Juntos, caminemos juntos, otra oportunidad que nos da la vida, saber que tu eres mi obra consentida... (Pensé en Elena y Alejandra)

Encendí, entonces, el fogón y sobre una parrilla puse a asar los pimentones. Fui dándoles la vuelta a medida que se iban poniendo negros. El objetivo era tostarlos por todos los lados. 

Al mismo tiempo, tomé los tomates, les hice una pequeña cruz en la punta y los puse en agua hasta que hirviera para luego pelarlos con facilidad, cortarlos en cuadros, y en la medida de lo posible, quitarles todas las pepas.

... y canto a la vida, de risas y penas, de momentos malos y de cosas buenas...


Una vez los pimentones estuvieron asados, los metí en un bolsa y la cerré con fuerza. Debía soltar una lenta carcajada: JA, JA, JA, y dejarlos encerrados ahí hasta que se enfriaran para poder quitarles luego la piel con mayor facilidad, aunque suene cruel, esa era la indicación de la receta.

... y nadie pregunta, si sufro si lloro, si llevo una pena, que hiere muy hooooondo...

Fríos lo pimentones los pelé como raspando miles de cerillos o como desescamándo pescados. Me tomó casi toda la canción del viejo Hector Lavoe pelarlos totalmente. 

Ya pelados y teniendo los tomates en trozos, estaba listo para encender nuevo el fogón. 



...Fuego!!! ah la la, la la, la la... la la laaaaaaaa... En el 23, de la 110, no se puede estar tranquilo... te diré por qué... 

Calenté un poco más de dos cucharadas de aceite de oliva en un sartén y puse el ajo a dorarse por todos los lados. Aromatizado el aceite, debía entonces colocar los muslos a dorar, y adivinen por cuantos lados? 



Así es. Por toditos. 

Seguido de esto, era momento de dar paso al vino blanco. 150 ml pal chef, 150 ml al sartén con los muslos. Es importante tener cuidado porque la felicidad del aceite al recibir al vino, es chispeante! 

Debía dejar hervir el pollo con el vino hasta que se evaporara totalmente, así que fue momento para esperar.

Uh!!!... Vacílalo rumbero... (suenan trompetas, el bajo y los tambores a lo loco. Luego paran y queda sólo el bajo: pu, pu pu, pummmmm...) Del caribe aflora bella encantadora, con mar y río, una gran sociedad... 

Recordé en ese momento a mi Tío Orlando y su gusto por escuchar al Joe una y otra vez en el iPad. Seguí la canción como si hiciera parte de la orquesta tocando los timbales, luego las congas, y de nuevo los timbales. 

Hace varios días vi con unas amigas el video apertura del programa del Show de Jimmy: 

"Caracol televisión presenta su programa de risas, alegría, música y buen humor con la gente más feliz de la televisión... (y entra cantando Jimmy)... Hola amigos, bienvenidos, a la hora con más música. Somos felices, porque sabemos, que cada semana, usted nos ve..." (https://www.youtube.com/watch?v=6pSLwBKxF6c)

Así como sonreía Jimmy en ese video, toqué las congas y los timbales al ritmo del Joe mientras se evaporaba el vino. 



...Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar, con el tumbao que tienen los Darius al caminar, la manos siempre en los bolsillos de su gabán, pa que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal...

Cuando el vino ya era historia para el chef y para el pollo, un salsa espesa quedó en el fondo del sartén. Era momento de bajar el fuego a Medio y combinarle los pimentones cortados en tiras y los tomates que ya tenía en trozos.

Luego de esto, tapé el sartén y los dejé 20 minutos a fuego medio. 20 minutos!!! Alcanzaron a sonar en ese tiempo:

1. (Arranca el piano y repite. Entran los timbales y las congas, repiten todos. Trompetas a todo dar y después de un sonoro rato juntos, viene una de las pocas voces)... Vamos contonéame Alfredito, contonéame... (Recordé a Martín y su baile caleño. También algunas escenas de Qué viva la Música)

2. Ah la la, le lo le, lo lo lo lo, lo lo lo lo... (cantos que luego de combinarse con un bajo punzante y unas buenas congas sueltan)... y el niche que facha rufa, lo atara la arache; aunque diñe bien su yira, lo atara la arache...

3. Yo soy así, es mi forma de ser, qué te puedo decir, amor. Soy bueno, soy malo, a veces y no puedo ser mejor... (y mucho más adelante)... Quieeeremeee tal como soooooooyyyyy...

Cumplido el concierto, el pollo estaba listo. 


Sonaron esas marimbas acompañadas de timbales, congas y maracas, y canta Cheo:  cuco el bravo me dicen lo dejaron tirao, como efecto de los golpes camina cachondeado. Aaaaaaantes roncaba de guapo pero ahora mismo está, recogiendo galletazos por todita la cuidad, y camina de lao...

Con esta canción de fondo serví el pollo acompañado de arroz con coco y aguacate. 

Hoy por primera vez dije: Elenaaaaa!!!, Alejandraaaa!!!, está servido!